Muy concurrido y agradable el lanzamiento de la nueva aventura de TORNADO, en compañía de los escritores Verónica Villa, John Saldarriaga y Memo Anjel, en la sede de Medellín Negro, en la Fiesta del libro de 2017
Joaquín Tornado es un detective privado literario creado por el médico y escritor colombiano Emilio Alberto Restrepo Más información en: http://www.emiliorestrepo.blogspot.com/p/libros-de-emilio-alberto-restrepo.html
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jueves, 14 de septiembre de 2017
LANZAMIENTO DE "EL ABRAZO DE LA VIUDA NEGRA" en Medellín Negro
LANZAMIENTO DE "EL ABRAZO DE LA VIUDA NEGRA" en Medellín Negro
Muy concurrido y agradable el lanzamiento de la nueva aventura de TORNADO, en compañía de los escritores Verónica Villa, John Saldarriaga y Memo Anjel, en la sede de Medellín Negro, en la Fiesta del libro de 2017
Muy concurrido y agradable el lanzamiento de la nueva aventura de TORNADO, en compañía de los escritores Verónica Villa, John Saldarriaga y Memo Anjel, en la sede de Medellín Negro, en la Fiesta del libro de 2017
lunes, 11 de septiembre de 2017
Entrevista con Emilio Alberto Restrepo para El Espectador
Emilio Restrepo, el ginecólogo que incursiona en la novela negra
Publicado en: http://www.elespectador.com/entretenimiento/unchatcon/emilio-restrepo-el-ginecologo-incursiona-novela-negra-articulo-586147
14 Sep 2015 - 10:03 PM
Jorge Consuegra
¿Primero nació el médico y luego el escritor?
Primero el niño lector, luego el jovencito apasionado por los cómics y el cine de aventuras en un teatro de barrio, influenciado por los westerns, las películas de chinos y de detectives y los luchadores mexicanos. No sé cómo sobreviví a tanto bodrio, pero me entró una fiebre por las historias, oírlas y contarlas, que nunca se me ha quitado. Luego llegaron la medicina, el rigor de la academia, los turnos, la responsabilidad extrema, pero también la cantera inagotable de historias de cada paciente, que en sí mismo es un universo. De hecho, tengo dos novelas de ambiente hospitalario: El pabellón de la mandrágora y Crónica de un proceso.
¿Qué lo apasiona de la medicina?
La disciplina, el rigor, entender el funcionamiento de los órganos y el ataque de las enfermedades como una película de acción. La posibilidad de servir, el concepto de valorar al ser humano que sufre y que deposita la confianza en uno como vehículo de la búsqueda del equilibrio y la salud. El tener la posibilidad de explorar al otro, entenderlo, respetarlo, sensibilizarse ante el dolor y el sufrimiento, asumir el desprendimiento por el concepto de la pérdida o la impotencia.
¿Mientras estudiaba también le dedicaba tiempo a la escritura?
No. Más a la lectura y al cine. Y por supuesto a la profundización en lo académico, que es un pozo inagotable, sin fondo. Intenté empezar a escribir, pero no me encontraba con mi propio estilo. Eso llegó ya de adulto, ya era especialista cuando tuve la fortuna de encontrarme un maestro que me dirigiera, Mario Escobar Velásquez.
¿A veces le roba más el corazón la literatura que la medicina?
Cada una de estas facetas tiene su espacio definido. Son dos carreras paralelas: escribo y publico y ejerzo la ginecología, la obstetricia y la laparoscopia de forma simultánea. Y la docencia y las conferencias médicas y literarias. No son excluyentes, creo que ambas se complementan en mi búsqueda de tratar de conocer mejor la mente y el corazón humanos.
¿La gran mayoría de sus escritos tienen algo de autobiografía?
Aunque uno escriba ficción, alguien opina que en el fondo siempre se escribe sobre uno y las cosas que conoce y los asuntos que le interesan. Mucho de lo que escribo tiene que ver con lo que oigo y distorsiono, lo que capto y modifico, lo que leo y acomodo, lo que percibo y me imagino. En los textos de mi detective, Joaquín Tornado, hay un poco de todo, aunque no sea autobiográfico: el delito, el crimen, el timo. En lo directo no me tocan, pero son muchas historias robadas a los amigos, en la esquina, en la tertulia, en el café, en los ecos que se quedan pegados de las paredes de los callejones y los antros.
¿Cuál fue el tema de su primer cuento publicado?
Un cuento sobre unos niños haciendo travesuras que el jurado consideró que tenía la notable influencia de Los cachorros de Vargas Llosa, en una época en que no lo había leído. Y fui a ver y sí. Quedé sorprendido y a partir de su lectura me volví en un admirador del premio nobel peruano. Un maestro.
¿Por qué tanta pasión por la novela negra?
Son influencias tempranas, antes que de la literatura, del cine y del cómic. Las grandes cintas americanas de los 40 y 50. Creo que en ese teatro, El Mariscal, las pasaron todas. Y los libros de Ian Fleming y el pulp (pistoleros, terror y detectives), que estaban siempre disponibles por centavos en las aceras. Y las aventuras de Rib Kirby y el Agente Dan. Y después el agente de la Continental y Sam Spade, y Sherlock y Agata. Todavía tengo los libros rojos de papel de biblia de ellos y Chandler y Ellery Queen.
¿Qué libros lo desvelan de verdad?
Todo García Márquez y Vargas Llosa. Los libros del Padre Brown. Me descrestan las historias de Guy de Maupassant, Ray Bradbury, Fredick Brown. Me deslumbran algunos de Cortázar y Borges.
¿Y cómo surge la imagen de Joaquín Tornado?
Un profesor en el taller, Luis Fernando Macías, profundizando sobre las técnicas de escritura de la novela negra y policial, me habló de la importancia de ir construyendo un personaje que tuviera carácter y personalidad propia, que fuera creciendo libro a libro. Le fui dando cuerpo y rasgos a un detective criollo que se fue apropiando de mis historias. Con él de protagonista, ganaron fuerza dichas historias y ya lo tengo en ocho novelas cortas y una docena de cuentos.
¿Es Tornado un detective cargado de humor, ironía y mucha sapiencia?
El hombre es un intuitivo. Tiene defectos y virtudes, tiene grandezas y miedos y refleja un poco la inteligencia típica del colombiano de la calle que enfrenta los problemas con picardía e irreverencia. Es observador y desconfiado. No siempre le salen las cosas, no todo es color de rosa, sabe que la vida es una larga carrera de obstáculos, no siempre con un trofeo esperándolo en la meta. Prefiere reírse de sí mismo y no es proclive ni a la autocompasión ni al conformismo. Pero es persistente.
domingo, 10 de septiembre de 2017
Reseña de Memo Anjel
El abrazo de la viuda negra: Nueva aventura de Joaquín Tornado (Reseña de Memo Anjel)
Publicado en: http://juanpaz.net/edicion-519/el-abrazo-de-la-viuda-negra-nueva-aventura-de-joaquin-tornado/

Joaquín Tornado es un hombre solo, cínico, sarcástico y en capacidad de resistir un infarto comiendo una empanada grasosa. Lo resiste todo: la mentira, la mirada lacrimosa, la cara hermosa que le hace mohines y la frase que debe entenderse al revés. Y en este nuevo caso, El Abrazo de la viuda negra. su carga de adrenalina se agota y la ciudad se revuelve como si entrara en una licuadora. Matar futbolistas no es correcto, le dice la doble conciencia que tiene el detective.
Una mujer hermosa, un fiscal curtido en crímenes delirantes, un Joaquín Tornado que en ocasiones es casi un demente, son los elementos de esta nueva novela de detectives que Emilio Restrepo entrega a los lectores, ya conocedores del investigador en aventuras previas, de las que uno sale sacudiendo la cabeza.
Emilio Restrepo es médico y, con el corte fino y acertado de quien sabe manejar un bisturí y detectar a primera vista un inicio de peste, ha creado a Joaquín Tornado, un alter-ego de nadie, que se mueve por Medellín aguantando calores, trancones, mujeres con las que no logra nada, gente que miente, pero que, ejerciendo la inteligencia de quien es perro viejo es esto del sobresalto, la sospecha y el punto final donde todos se contradicen, ya es memoria de los detectives de la novela negra. Una memoria que contiene en cada aventura un huracán.
Memo Ánjel.
POLICÍAS Y BANDIDOS en suplemento Generación
POLICÍAS Y BANDIDOS EN SERIE EDITORIAL
Periódico EL COLOMBIANO, suplemento Generación, Septiembre 10 2017
El Fondo Editorial de la Universidad Pontificia Bolivariana presenta una colección dedicada a inspectores, policías y bandidos. Con esta serie, se le quiere dar impulso a la novela negra en Colombia, en una gran apuesta.
En la presentación de esta colección, explica el escritor Emilio Alberto Restrepo, que "la producción de novela negra en Colombia es más una excepción que una regla y obedece casi siempre a las iniciativas aisladas y muchas veces personales, que no configuran un movimiento literario como tal , a pesar de que en todo el mundo esté experimentando un nuevo auge, con escritores de oficio y lectores fieles que responden con crece a las expectativas del mercado ".
Señala, igualmente, que "la novela explora el mundo profesional del crimen, haciendo una disección de su entorno, preponderantemente urbano, profundizando en las características más oscuras y abyectas de la Ciudad y de la sociedad. En ella, el objetivo no es solo resolver el crimen, responder a las preguntas de quién y cómo, sino saber el dónde y el porqué, yendo más allá de lo aparente, dándole la importancia debida a los hechos y las cosas que rodean el misterio, recordando que detrás de él, siempre hay unos seres humanos derrotados y en decadencia y otros que se obstinan en aproximarse a la verdad, no importa lo dolorosa que sea lo que se paga por ello ".
Para el autor, esta colección del Fondo Editorial de la Universidad Pontificia Bolivariana, "marca un hito: porque apoya la producción local con sagas de personaje, con escritores antioqueños que sin complejos de inferioridad escriben para un mundo globalizado, pintando desde adentro un entorno de ciudad que padecen y conocen, con detectives originales que historia tras historia narran los entresijos de esa urbe despiadada que ruge bajo los pies de una metrópoli caótica e indiferente, con un humor irreverente y una ironía que les da una mirada muy particular ".
Define la serie Policías & Bandidos como un esfuerzo coherente y riguroso en el que ya hay publicados dos libros de cada uno de los personajes, con la idea de que se extienda, "dándoles continuidad a través de las historias contenidas en novelas cortas que privilegian el entretenimiento y la complicidad con el lector ".
En este primer momento de la colección están: el ex inspector Rambert, de Memo Ánjel , "que en este volumen reúne su caso, esta vez ambientado en el Caribe"; el fiscal Rosado, de John Saldarriaga , "que hurga en los rincones oscuros de Medellín para resolver el crimen de un teatrero" y Joaquín Tornado, de Emilio Alberto Restrepo , "en esta ocasión contratada para investigar el crimen de un futbolista de élite que juega en Europa y que regresan a una víctima de un atentado ".
Ellos presentarán sus nuevos libros durante una conversación en la Fiesta del Libro, en el Planetario, este domingo 10 de septiembre, a las 8:00 de la noche, y en Medellín Negro, en el Jardín Botánico, el miércoles 13 de septiembre, a las 3:15 de la tarde
En estas páginas, John y Emilio Alberto hablan sobre sus protagonistas, y la periodista Ana Cristina Aristizábal se refiere al personaje de Memo Ánjel.
El caso Faráz: Rambert en el Caribe
Ana Cristina Aristizabal U.
Joan Rambert, el exinspector catalán, traído a la existencia por el escritor Memo Ángel, ha hecho una nueva aparición en el Caribe. Por aquellas cosas del destino, recibe en su Barcelona natal un contrato que obliga a investigar un crimen al otro lado del mundo; caso en el que termina perseguido, huyendo en el medio del asfixiante sol del trópico donde tiene que usar toda su experiencia detectivesca para salir con vida.
Habíamos conocido a Rambert cuando presenció un crimen en Barcelona. En ese momento estaba averiguando por unos chinos y terminó viendo ante sus propios ojos el crimen de un marroquí cuyo arete conduce por los extraños caminos del mundo de Teresa Gárgolas. En el siguiente caso, debe investigar el crimen de dos a los que se encuentran unos papeles que un lupa tienen pintadas unas flores y en el centro de cada una, la palabra oro. Luego está contratado para aclarar un suicidio pero, dudando de esa versión, una nueva pista comienza con la hipótesis de que alguien puede ser asesinado a punta de ópera. Y, finalmente, reaparece Rambert en el Caribe, luchando por la vida después de ser engañado por no leer la letra menuda del contrato.
En medio de un mundo desordenado, alucinado por la cabeza y la caza diaria de algún contrato que el autor de la supervivencia, el ex inspector, ahora metido un detective, el caso de los casos que se desarrollan en el medio de los más absurdos escenarios de cambio por la rica y cultivada imaginación de Memo Ángel, su creador.
En el Caribe, resolviendo el caso Faráz, Joan Rambert se encuentra con un mundo impredecible y delirante, un poderoso embrutecedor donde las mujeres se dirigen más de lo que acostumbran las europeas y boleros, merecumbés y salsa sinfín en el traganíquel de los bares adornados con afiches de jugadores de béisbol.
Hasta ahora, ninguna de las actuaciones de Rambert había sido tan atropellada: un constante huir mantiene el lector expectante y alerta ante las peripecias y desgracias que tiene que vivir en tierras inundadas de sol, santería, chinos karatecas, bravucones que pierden peleas y situaciones jocosas que se describen con ingenio y diversión.
En las novelas de Rambert no hay violencia ni sangre, aunque se describa un crimen o se investigue un asesinato. Con Rambert en el Caribe el lector no tiene otra opción que reír con sus ocurrencias y la forma como va resolviendo cada problema.
Como todo el mundo creado por la literatura de Memo Ángel, que brilla por no hay lugares comunes, esta serie de Rambert, es una deliciosa apuesta por la descripción del absurdo posible. Toda la maestría de Ángel con su experiencia literaria, de viajes, de lectura y de academia, está reflejada en una persona y una trama que, aunque se circunscriben en el género de detectives, es realmente una obra de la literatura con toques de cultura universal , donde el lector tiene asegurado un rato de diversión y distensión.
Auto-semblanza de Joaquín Tornado
Emilio Alberto Restrepo
Llevo quince años gastando las calles de la ciudad con mis zapatos. Me la conozco de memoria, el norte, el sur, los barrios, las lomas. He robado luz a sus neones y decibeles a sus ruidos: en ciertas horas son un rugido y en otras me recuerdan una selva sigilosa, lista para el zarpazo. Me he percatado de sus humos, sus olores y mi piel se ha insolado por el rigor de la canícula del medio día y ha tiritado con la escarcha de sus fríos de madrugada. Siempre descubro algo nuevo, algo sorprendente, algún tipo de maldad desconocida, alguna nueva forma de desplumar al prójimo, de timar al Estado o de brincarse las leyes. He explorado cada rincón, almacén, hotelucho o motel. He violado cerraduras, intervenido teléfonos, mentido con descaro cuando había sido necesario, al que sea, donde sea, por lo que sea. Tengo una ventaja: paso fácil desapercibido, no dejo huellas, nadie voltea una segunda vez a mirarme, puedo estar varias horas en una cafetería y nadie repara en mí. Tengo un aspecto demasiado común. Tanto, que he llegado a pensar que soy invisible. Las miradas me traspasan, mi voz nunca se impone; al chocarse con mi mirada, ningunos ojos se sienten escrutados, ni siquiera oteados por equivocación. Me han presentado un mismo personaje cuatro veces sin que me recuerde. Me he tropezado con una chica con la que tuve una noche desenfrenada y ni se ha enterado. A una oficina que he ido simulando ser mensajero, cobrador, cliente en busca de orientación, ciudadano extraviado. Sin hacer cambios en mi aspecto, sin levantar sospechas.
Ningún callejón tiene secretos para mí. Me he deslizado como roedor por sus laberintos, he sido sombra de candiles y farolas, me refugiado detrás de un sombrero, o mimetizado en los muros llenos de grafitis. Conozco jíbaros, gamines y policías encubiertos. Tengo en mi cabeza referencias de putas, prontuario de chulos, antecedentes de cantineros, costumbres de taxistas y sus vicios más abyectos. Conozco metederos, expendios, sitios de contratación de sicarios, oficinas de blanqueo de cheques, imprentas de dinero-falso, talleres de piratería. Sé donde los inspectores reciben las mordidas, donde los pederastas regatean la carne fresca que gozarán al escondido de sus esposas. Conozco casas de citas, sitios de encuentros y desencuentros, quién lee las manos, las cenizas del tabaco, el pasado, el futuro. Quién trae de regreso al ser amado, quién cura con rezo una enfermedad terminal y quién del número-fijo para ganarse la lotería. He tenido en mis manos el catálogo de los chicos y chicas más apetecibles de la ciudad, disponibles cuando salen para el colegio o con los amigos a estudiar; sé cuánto cuesta una noche con el modelo o con la presentadora de moda y sé cómo hacer el contacto. He estado en las mejores rumbas clandestinas y por estar haciendo un seguimiento, he consumido pastas, poppers, yerba, polvos y toda cuanta porquería entra por boca o nariz. Por las venas no he metido nada, por el contrario, he estado a punto de perder la vida por ellas, cuando una herida ha amenazado con desangrarme.
Entiéndanme, la calle tiene sus peligros. Hay que pisar blandito y andar con cuidado, con los cinco sentidos, porque si no, uno puede terminar devorado en sus fauces.
El fiscal Rosado, en la mira del hampa
John Saldarriaga
Ya le tengo analizado al tal fiscal. ¿Me dijo que se lo investigara y que en el informe no le ahorrara los detalles? Pues aquí estoy sonando como una cajita de música. Le traigo sus señas, patrón. Su nombre es Óscar Rosado. ¿Ah, conque pensaba que lo de rosado era por el color que mejor representaba su personalidad? No es la primera vez que oigo ese comentario, pero no, es su apellido real.
Es el director de la Unidad de Investigaciones Criminalísticas Número 13. Nació y se crió en un barrio popular, frenteando el corte. Tiene fama de que vio morir muchos de sus amigos de infancia. Se repite que su hermano, menor que él, cayó en un tiroteo por una plaza de vicio, y que el levantamiento de cadáver el tocó hacerlo a él, cuando apenas hacía la práctica en el Tecnológico, como auxiliar de un fiscal borrachín. Dicen que, como a su hermano, le sobraron ofertas para que hiciera las vueltas más torcidas. Ya tendría plata.
Rosado es un sujeto de piel trigueña, 1,85 de estatura, delgado y atlético, de ojos grandes, bien despierto. Tiene cejas tupidas, bien afeitado, gafas de miope con montura negra. Cabello negro cortado con cuchilla número tres por un peluquero que con él no se muere de hambre, y va peinado con la raya a la izquierda. Es un tipo perfectamente organizado, con la camisa de un solo color metida por dentro de un pantalón oscuro de raya bien marcado y sujeto con una correa negra de cuero, y zapatillas del mismo color y el mismo material. En una palabra, pulcro y cuidadoso con su apariencia. A veces, cuando hace frío, usa buzo de lana. El rostro es tenso pero los movimientos aparentemente tranquilos, medidos, pensados. No se estrese, patrón, que también le hice fotos.
Casi podría decirse que Rosado es escrupuloso. Con decir que pasó dos horas indagando a un reo en su celda y en ese lapso, el sujeto que se fumó una docena de cigarrillos que el mismo fiscal el llevó, sí, para soltarle la lengua, y salió de allí renegando porque a esa hora su impecable ropa y su cabello debían estar pasados a nicotina y no tenía tiempo de ir a cambiarse. Se conformó con impregnarse de loción apenas entró en su despacho y quedarse así el resto del día.
Cuando piensa, se va de este mundo. Le da vueltas entre las manos y ante sus ojos a una lechuza de piedra caliza que le regaló su papá cuando supo que el encargaron conforman la Unidad de Investigación. El viejo Óscar la mandó hacer a un artista local, quien por su propia iniciativa grabó en la base un mensaje en griego, dos palabras que me están averiguando.
Rosado es dueño de cierta egolatría. Cuentos que en soledad escucha a la lechuza decirle: "Eres un sabueso, Rosado. El mejor de todos. ¿Lo sabías? ". Y que le dice a veces cómo resolver los casos.
Comenzó a estudiar Derecho cuando iba por la mitad de Criminalística y estudiaba los dos asuntos al mismo tiempo.
Es adicto a las gomitas dulces. Siempre va mascando alguna y, en momentos de ansiedad, un puñado a la vez. Tiene una afición: el canto. Hace una parte de un coro.
Cuenta con tres asistentes: Tyson, Rengifo y Caro, más fieles que las abejas.
Entre los casos que más han dado que hablar están los de la gallina saraviada, en el que descubrió quién estaba detrás del asesinato de la mamá de un pillo grande; el homicidio de un trapo rojo en el barrio fino aunque decadente, y la de un actor dramático: un sujeto del teatro que apareció muerto en una casa de masajes recreativos. Si quiere enterarse de esos sucesos, yo se los consigo porque se convirtieron en libros. Mi hermana que es una vaga, ya terminó de leerlos.
El Rosado ese se pavonea diciendo que no tiene precio, pero uno nunca sabe, patrón: tal vez no ha llegado a la horma de su zapato. Y si se va a poner de muy gallo fino, pues, usted sabe ...
¿Qué tipo de tantos detalles? Ah, viejito: las calles tienen oídos; las paredes, ojos, y las esquinas, bocas ".
viernes, 8 de septiembre de 2017
TORNADO en el Periódico GENTE de Belén
JOAQUÍN TORNADO Y SU NUEVO CASO, EL ABRAZO DE LA VIUDA NEGRA, EN EL PERIÓDICO GENTE DE BELÉN
Septiembre 8 de 2017
Septiembre 8 de 2017
TORNADO y POLICÍAS & BANDIDOS EN ESPAÑA
UN HITO EN LA LITERATURA NEGRA COLOMBIANA
Este artículo salió en el portal SOLONOVELANEGRA.COM a propósito del lanzamiento de los nuevos números de la colección POLICÍAS&BANDIDOS de la Editorial UPB
Sep 8, 2017
| EMILIO RESTREPO | Medellín – Colombia
La producción de novela negra en Colombia es más una excepción que una regla y obedece casi siempre a iniciativas aisladas y muchas veces personales que no configuran un movimiento literario como tal, a pesar de que en todo el mundo esté experimentando un nuevo auge, con escritores de oficio y lectores fieles que responden con creces a las expectativas del mercado.
Debemos recordar que la novela negra explora el mundo profesional del crimen, haciendo una disección de su entorno, preponderantemente urbano, profundizando en las características más oscuras y abyectas de la ciudad y de la sociedad. En ella, el objetivo no es solo resolver el crimen, responder a las preguntas del quién y el cómo, sino saber el dónde y el porqué, yendo más allá de lo aparente, dándole la importancia debida a los hechos y cosas que rodean el misterio, recordando que detrás de él, siempre hay unos seres humanos derrotados y en decadencia y otros que se obstinan en aproximarse a la verdad, no importa lo dolorosa que sea o lo que tengan que pagar por ello.
Es por eso que esta colección de Editorial UPB marca un hito: porque apoya la producción local con sagas de personaje, con escritores antioqueños que sin complejos de inferioridad escriben para un mundo globalizado, pintando desde adentro un entorno de ciudad que padecen y conocen, con detectives originales que historia tras historia narran los entresijos de esa urbe despiadada que ruge bajo los pies de una metrópoli caótica e indiferente, con un humor irreverente y una ironía que les da una mirada muy particular.
Por eso es importante la serie POLICÍAS Y BANDIDOS, porque es un esfuerzo coherente y riguroso, porque ya ajusta dos libros de cada uno de los personajes y la idea es que alcancen muchos más, dándoles continuidad a través de las historias contenidas en novelas cortas que privilegian el entretenimiento y la complicidad con el lector.
Por ahora han debutado Memo Anjel, con su ex inspector RAMBERT, que en este volumen resuelve su cuarto caso, esta vez ambientado en el caribe; El fiscal ROSADO, de John Saldarriaga, que hurga en los rincones oscuros de Medellín para resolver el crimen de un teatrero y JOAQUÍN TORNADO, de Emilio Alberto Restrepo, en esta ocasión contratado para investigar el crimen de un futbolista de élite que juega en Europa y que al regresar fue víctima de un atentado.
Por su estructura, por su ambición, por su buen humor en medio de temas tan escabrosos, por la fuerza de sus personajes y la calidad de sus escritores y su constancia, la serie POLICÍAS Y BANDIDOS llegó con fuerza para posicionarse en el medio y dejar huella en el gusto de los lectores.
Un caso de Joaquín Tornado, un detective
Joaquín Tornado es un hombre solo, cínico, sarcástico y en capacidad de resistir un infarto comiendo una empanada grasosa. Lo resiste todo: la mentira, la mirada lacrimosa, la cara hermosa que le hace mohines y la frase que debe entenderse al revés. Y en este nuevo caso, El abrazo de la viuda negra, su carga de adrenalina se agota y la ciudad se revuelve como si entrara en una licuadora3. Matar futbolistas no es correcto, le dice la doble conciencia que tiene el detective.
Una mujer hermosa, un fiscal curtido en crímenes delirantes, un Joaquín Tornado que en ocasiones es casi un demente, son los elementos de esta nueva novela de detectives que Emilio Restrepo entrega a los lectores, ya conocedores del investigador en aventuras previas, de las que uno sale sacudiendo la cabeza.
Emilio Restrepo es médico y, con el corte fino y acertado de quien sabe manejar un bisturí y detectar a primera vista un inicio de peste, ha creado a Joaquín Tornado, un alter ego de nadie, que se mueve por Medellín aguantando calores, trancones, mujeres con las que no logra nada, gente que miente, pero que, ejerciendo la inteligencia de quien es perro viejo es esto del sobresalto, la sospecha y el punto final donde todos se contradicen, ya es memoria de los detectives de la novela negra. Una memoria que contiene en cada aventura un huracán.
Memo Anjel
Habla Joaquín Tornado
Llevo quince años gastando las calles de la ciudad con mis zapatos. La conozco de memoria, el norte, el sur, los barrios, las lomas. He robado luz a sus neones y decibeles a sus ruidos: en ciertas horas son un rugido y en otras me recuerdan una selva sigilosa, lista para el zarpazo. Me he percatado de sus humos, sus olores y mi piel se ha insolado por el rigor de la canícula del medio día y ha tiritado con la escarcha de sus fríos de madrugada. Siempre descubro algo nuevo, algo sorprendente, algún tipo de maldad desconocida, alguna nueva forma de desplumar al prójimo o de timar al Estado o de brincarse las leyes. He explorado cada rincón, almacén, hotelucho, motel. He violado cerraduras, intervenido teléfonos, mentido con descaro cuando ha sido necesario, al que sea, donde sea, por lo que sea. Tengo una ventaja: paso fácilmente desapercibido, no dejo huellas, nadie voltea una segunda vez a mirarme, puedo estar varias horas en una cafetería y nadie repara en mí. Tengo un aspecto demasiado común. Tanto, que he llegado a pensar que soy invisible. Las miradas me traspasan, mi voz nunca se impone; al chocarse con mi mirada, ningunos ojos se sienten escrutados, ni siquiera oteados por equivocación. Me han presentado un mismo personaje cuatro veces sin que me recuerde. He tropezado con una chica con la que tuve una noche desenfrenada y ni se ha enterado. A una misma oficina he ido simulando ser mensajero, cobrador, cliente en busca de orientación, ciudadano extraviado. Sin hacer mayores cambios en mi aspecto, sin levantar sospechas.
Llevo quince años gastando las calles de la ciudad con mis zapatos. La conozco de memoria, el norte, el sur, los barrios, las lomas. He robado luz a sus neones y decibeles a sus ruidos: en ciertas horas son un rugido y en otras me recuerdan una selva sigilosa, lista para el zarpazo. Me he percatado de sus humos, sus olores y mi piel se ha insolado por el rigor de la canícula del medio día y ha tiritado con la escarcha de sus fríos de madrugada. Siempre descubro algo nuevo, algo sorprendente, algún tipo de maldad desconocida, alguna nueva forma de desplumar al prójimo o de timar al Estado o de brincarse las leyes. He explorado cada rincón, almacén, hotelucho, motel. He violado cerraduras, intervenido teléfonos, mentido con descaro cuando ha sido necesario, al que sea, donde sea, por lo que sea. Tengo una ventaja: paso fácilmente desapercibido, no dejo huellas, nadie voltea una segunda vez a mirarme, puedo estar varias horas en una cafetería y nadie repara en mí. Tengo un aspecto demasiado común. Tanto, que he llegado a pensar que soy invisible. Las miradas me traspasan, mi voz nunca se impone; al chocarse con mi mirada, ningunos ojos se sienten escrutados, ni siquiera oteados por equivocación. Me han presentado un mismo personaje cuatro veces sin que me recuerde. He tropezado con una chica con la que tuve una noche desenfrenada y ni se ha enterado. A una misma oficina he ido simulando ser mensajero, cobrador, cliente en busca de orientación, ciudadano extraviado. Sin hacer mayores cambios en mi aspecto, sin levantar sospechas.
Ningún callejón tiene secretos para mí. Me he deslizado como roedor por sus laberintos, he sido sombra de candiles y farolas, me he refugiado detrás de un sombrero, o mimetizado en los muros llenos de grafitis. Conozco jíbaros, gamines y policías encubiertos. Tengo en mi cabeza referencias de putas, prontuario de chulos, antecedentes de cantineros, costumbres de taxistas y sus vicios más abyectos. Conozco metederos, expendios, sitios de contratación de sicarios, oficinas de blanqueo de cheques, imprentas de dinero-falso, talleres de piratería. Sé donde los inspectores reciben las mordidas, donde los pederastas regatean la carne fresca que gozarán al escondido de sus esposas. Conozco casas de citas, sitios de encuentros y desencuentros, sé quién lee las manos, las cenizas del tabaco, el pasado, el futuro. Quién trae de regreso al ser amado, quién cura con rezos una enfermedad terminal y quién da el número-fijo para ganarse la lotería. He tenido en mis manos el catálogo de los chios y chicas más apetecibles, disponibles cuando salen para el colegio o con los amigos a estudiar; sé cuánto cuesta una noche con la modelo o con la presentadora de moda y cómo hacer el contacto. He estado en las mejores rumbas clandestinas y por estar haciendo un seguimiento, he consumido pastas, poppers, yerba, polvos y toda cuanta porquería entra por boca o nariz. Por las venas no he metido nada, por el contrario, he estado a punto de perder la vida por ellas, cuando una herida ha amenazado con desangrarme.
Entiéndanme, la calle tiene sus peligros. Hay que pisar blandito y andar con cuidado, con los cinco sentidos, porque si no, uno puede terminar devorado en sus fauces.
martes, 5 de septiembre de 2017
LAS CARÁTULAS DE LA COLECCIÓN POLICÍAS & BANDIDOS 2017
LAS CARÁTULAS DE LA COLECCIÓN POLICÍAS & BANDIDOS 2017
Este año la editorial UPB publica tres volúmenes de la colección de género negro, con los autores Emilio Alberto Restrepo, Memo Anjel y John Saldarriaga. Novela negra de Antioquia para el mundo.
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